18 de noviembre de 2013

AMOR, ¿qué eres?

Cuando me giré ya estaba a mi lado. Sentía su respiración cada vez más acelerada en mi oído. Me quedé muy quieta sin poderlo mirar a los ojos, y aunque en el fondo de mi ser algo me decía que lo buscara entre el silencio, permanecí allí de pié, con la cabeza agachada mirando el suelo frío de asfalto. 
La gente pasaba y nosotros dos no existíamos, los coches rompían el silencio mientras se iban encendiendo las luces amarillas y naranjas de la ciudad.
Conté hasta veinte, el frío me calaba los huesos, el jersey beige y el abrigo marrón parecía que no recubrían mi piel, me sentía desnuda en mitad de la calle y él a mi lado contemplándome hacía que me sintiera cada vez más desprotegida. 
En verdad no sé muy bien que esperaba de todo aquello, una palabra de su boca al menos que acabara con ese ambiente tan extraño, hablando por mí. Él se veía tranquilo, notaba como su respiración se iba regulando y yo de repente relajé los músculos que, hasta ese momento, no me había dado cuenta de que estaban en tensión. Parecía él tan cálido y yo tan fría. Seguía buscando en algún rincón de mis pensamientos un conjunto de palabras para poder ordenarlas adecuadamente y decir algo, pero aunque me empeñaba, vagamente conseguía tener algo sensato que decir. 
Y sin darme cuenta puso su mano sobre mi hombro y muy despacio hizo que girara sobre mí misma hasta quedar cara a cara, aunque yo seguía encontrando fascinante ese suelo gris.
"Tú..." Esas dos letras me atravesaron todo el cuerpo en forma de corriente eléctrica que te enciende por dentro de manera que no puedes controlarte de ninguna manera. Dos simples letras que detrás venían acompañadas de dos palabras más que lo cambiarían todo: "Te quiero..." Y yo desperté, de ese sueño profundo, de esa agonía, ya nada me ataba y me dejé llevar, ya no podía evitarlo, era más fuerte que yo, ese sentimiento me arrollaba como un tren de mercancías y mis piernas no querían salir corriendo. Terminé rindiéndome ante algo inevitable.
Levanté la mirada y al encontrarme con sus ojos, me enamoré incondicional y profundamente de ellos.


8 de noviembre de 2013

"Para siempre es mucho tiempo" Cap. 2

La mañana que comenzó a escribir su primer libro no imaginaba que al publicarlo su vida daría un giro completo. 
***
Ese día se levantó como siempre y se acercó a la ventana que había frente a su cama. La mañana se presentaba gris, hacía demasiado viento y las hojas caídas de los árboles de noviembre corrían rápidas sin ninguna dirección por el cielo. En ese momento le invadió un profundo sentimiento de nostalgia pero no sabía hacia qué o quién. 
Caminó por el largo pasillo del apartamento hacía la cocina, todo estaba en silencio, como de costumbre, pero ella sentía que ese día no era como los demás. Cogió una de sus tazas preferidas donde podía leerse "Today is a great day", casualidad o no, ese día en verdad sería un gran día. 
Una cosa que adoraba era el olor del café recién hecho por las mañanas, meter las manos en las mangas del pijama y coger la taza así para no quemarse. Se sentaba de lado en un gran sillón blanco al lado del balcón del salón, miraba hacía la calle y empezaba a divagar entre sus pensamientos hasta que se perdía soñando despierta. Después cogía un pequeño cuaderno de notas con una tapa negra de piel y un lazo que lo rodeaba de la mesita de madera oscura que había junto al sillón y comenzaba a escribir palabras y frases que para ella no tenían ningún sentido, era el simple hecho de tener la necesidad de desahogarse de sus pensamientos de alguna forma y por ello acababa escribiendo pequeños textos que volvía a leer cada noche antes de ir a dormir intentando encontrarle alguna explicación que nunca encontraba y que aquella noche de ese día gris por fin encontraría. 

Sandra MG.


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